¿Me estoy muriendo o estoy teniendo un ataque de pánico?

Muchas personas que han tenido ataques de pánico, o ataques de ansiedad como comúnmente se conocen más, han creído que durante su primer ataque de pánico se iban a morir literalmente, les estaba dando un infarto y muchas de ellas acudieron a urgencias estando seguras de que su vida corría peligro, cosa que por otro lado tiene lógica ya que los síntomas que vivimos durante un ataque de pánico se asemejan mucho a los síntomas de un infarto. Una vez que se hicieron los controles pertinentes salen de urgencias con el diagnóstico de que han vivido un ataque de pánico y que no hay ningún infarto o problema cardiovascular de por medio. Probablemente habrán salido de esa consulta médica con unos ansiolíticos bajo el brazo y ninguna recomendación sobre la importancia de acudir a terapia para poder trabajar este episodio y que no se mantenga o incluso empeore con el tiempo. Pero como este tema ya es harina de otro costal…

Probablemente cuando estas personas cuenten a su entorno de confianza que han tenido un ataque de pánico le quitarán hierro al asunto con frases del tipo “eso está todo en tu mente” y con la mejor intención del mundo estarán dándole un mensaje muy pernicioso, ya que “vivir un mal imaginario es peor que uno real y se puede convertir en más real que cualquier realidad” (Giorgio Nardone). Por lo tanto, es importante desmitificar que cuando algo solo existe en nuestra mente y no es algo físico es algo más fácil de sobrellevar o que incluso desaparece siguiendo esa lógica.

Podríamos definir el pánico como la forma más extrema del miedo y se asocia con un estado de ansiedad muy intenso y como decíamos antes, los síntomas que siente una persona que está viviendo un ataque de pánico son muy desagradables y difíciles de soportar.

Algunos de estos síntomas son:

  • Palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Mareos o incluso desmayos.
  • Dificultad para respirar o asfixia.
  • Dolor en el tórax.
  • Naúseas.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Sensación de hormigueo o entumecimiento de algunas partes del cuerpo.
  • Desrealización (sensación de que lo que sucede no es real) o despersonalización (sensación de que yo no soy yo).
  • Miedo a perder el control o “volverse loco”.
  • Miedo a morir.

Obviamente no todas las personas que viven ataques de pánico tienen los mismos síntomas ni viven todo este listado pero sí que representa el malestar que viven durante esos (interminables) minutos que dura su ataque.

Bien, una vez que hemos hablado de los síntomas es importante saber cuál es el funcionamiento general de los ataques de pánico y qué podemos hacer para afrontarlos de una manera más eficaz.

En primer lugar es necesario saber que las variables que causan el ataque de pánico suelen ser diferentes de las variables que lo mantienen en el tiempo, es decir, el hecho de que se repitan los ataques de pánico y que aumenten en intensidad suelen tener explicaciones diferentes a por qué surgió por primera vez en nuestra vida. Es por ello que las intervenciones que hacemos en terapia no están tanto en la causa (que también) sino en todos esos comportamientos y acciones que están alimentando los ataques de pánico para que aparezcan de nuevo y con más fuerza. Aquí queremos añadir la frase “Cuando las soluciones se convierten en parte del problema” y es que como veremos a continuación, desde el primer ataque de pánico cada persona va a poner en marcha una serie de estrategias que considera útiles para evitar que le vuelva a suceder. ¿Y dónde está la trampa? En que la mayoría de esas estrategias que se utilizan, todas muy lógicas y de sentido común eso si, actúan como si echáramos leña al fuego en lugar de agua.

Esta es una de las razones por las que las personas que acuden a terapia no lo suelen hacer tras el primer ataque de pánico sino cuando ya han sufrido varios, cada vez más incapacitantes y desagradables y cuando ya se ha desarrollado el miedo al miedo propio de las personas que viven estos ataques. El miedo al miedo vendría a ser el miedo a sentir los síntomas de ansiedad que hemos vivido en otros ataques y el miedo a estar en situaciones que puedan provocar un nuevo ataque de pánico. Este miedo al miedo hace que se pongan en marcha “las soluciones” de las que hablábamos en el párrafo anterior.

En general, estas “soluciones” estarán marcadas por un intento de control de todo lo que nos acontece. Intentaremos controlar nuestras sensaciones físicas (nuestras palpitaciones, nuestra respiración, nuestros pensamientos catastrofistas sobre lo que nos pasará si…) y trataremos de evitar todas las situaciones que percibamos que pueden llevarnos a vivir un nuevo ataque de pánico. ¿Qué ocurre? Que intentar controlar todo lo que sucede en nosotrxs y a nuestro alrededor es imposible, nos hace vivir en una alerta constante y más aún, favorece que perdamos ese control que tanto buscamos. En primer lugar porque en el intento por controlar el ritmo de nuestro corazón, los pensamientos incapacitantes y negativos que nos bombardean y muchos de los síntomas físicos que hemos relatado arriba hace que estemos constantemente prestándoles atención y por lo tanto aumentándolos y porque como dice Giorgio Nardone “La trampa paradójica del control que hace perder el control: la mente no puede controlar su propio funcionamiento mientras está funcionando, los ojos no pueden verse mientras están mirando”.

Por lo tanto, en esta lucha por combatir y controlar los ataques de pánico desarrollaremos estrategias como:

  • Evitar situaciones asociadas al ataque de pánico. Si tuvimos un primer ataque de pánico en una cafetería, o en un examen, o en una biblioteca o en un transporte público o donde sea, intentaremos no frecuentar mucho esos lares y si lo hacemos, lo haremos siempre acompañadxs de alguien que nos de la seguridad de que si vivimos un nuevo ataque de pánico podrá actuar por nosotrxs. Esta sería la otra estrategia.
  • La constante búsqueda de ayuda y protección por parte de otras personas para acudir a sitios o realizar algo que anticipamos que es peligroso para nosotrxs.

Y pensaréis ¿Qué problema hay en intentar evitar esos lugares que nos activan tanto o querer ir acompañadx de amigxs o familiares? A corto plazo ninguno y de hecho funciona, cumplen su cometido porque la ansiedad y el miedo descienden y nos sentimos “segurxs” desde esas posiciones. A largo plazo bastantes, porque cuando evitamos una situación o un lugar, el simple hecho de evitar esa situación temida y lo bien que nos sentimos después de evitarla confirma lo peligrosa que era, aumentando el miedo para la próxima vez que tengamos que hacerle frente, es decir, confirmamos nuestras sospechas de que hemos hecho bien en no hacer tal cosa. El problema que genera a largo plazo la segunda estrategia es que si necesitamos acudir a ese lugar o hacer tal cosa siempre acompañadxs de alguien estamos afrontando el pánico de una forma inadecuada ya que el mensaje que nos estamos dando es “ves, mientras me acompañe Pepa o Juana puedo hacerlo pero yo solx sería incapaz”, por lo tanto, estamos desconectándonos de nuestros propios recursos personales de afrontamiento y diciéndonos “yo no soy capaz, siempre necesito de lxs demás”. Esto no quiere decir que tengamos que hacer todo en la vida solxs y que hacer cosas en compañía no sea algo bueno, la diferencia radica en si necesitamos de lxs demás para hacer o no hacer tal cosa siempre.

  • Por último, está la estrategia de refugiarnos tras los fármacos para poder transitar más o menos por las situaciones temidas. ¡Aclaración! No estamos en contra de la química, de hecho, estamos a favor de su uso cuando es necesario y la persona quiere. Pero sí que es cierto que en muchos de los casos que hay fármacos de por medio ésta es la única vía de solución ante el malestar que se utiliza, sin existir un trabajo terapéutico de las causas y estrategias mantenedoras que hemos comentado en este post. Por lo tanto, abogamos por una combinación de tratamientos, pues si sólo nos posicionamos con los fármacos para combatir los ataques de pánico sucederá como con la evitación y la protección de lxs demás, a corto plazo, nos será útil porque reducirá los síntomas y el malestar pero a largo plazo estaremos delegando en el fármaco nuestra capacidad para gestionar el pánico y la ansiedad siendo complicado dejar de tomarlo.

Si queréis seguir leyendo sobre la ansiedad os dejamos un artículo que nos ha parecido bastante completo  https://www.elmundo.es/papel/lifestyle/2017/09/24/59c4d9e9e5fdea40168b45fc.html

Para finalizar, es importante saber que ningún post ni recurso que puedas encontrar por internet puede sustituir a un proceso terapéutico y que si te sientes identificadx con algunas de las cosas que hemos hablado hoy en este post sería bueno que te miraras con amor y afecto y desde ahí te planteases buscar algún tipo de ayuda en la que poder sentirte segurx para conocer todos tus recursos y fortalezas, porque tenerlos los tienes, sólo hay que hacerles un poco de sitio para poder verlos. Si estás inmersx en un proceso terapéutico de afrontamiento de los ataques de pánico nos alegramos por la decisión tomada y te mandamos mucho ánimo y apoyo en este camino.

¡Nos leemos!

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