Descodificar la comunicación

Continuamente en nuestras interacciones sociales estamos haciendo el ejercicio de descodificar mensajes, es decir, interpretarlos, traducirlos para entenderlos y saber qué quieren decir y por qué nos los dicen.

Estos mensajes pueden ser verbales y no verbales. Por ejemplo, cuando estamos con una persona que tiende a no generar silencios y, por el contrario, hablar con asiduidad, ante la detección de un silencio prolongado y la ausencia de ganas de hablar –identificación de un comportamiento inusual dentro de las conductas habituales de esa persona- podemos detectar que le ocurre algo que le haga no querer hablar. En este proceso de interpretación podemos pensar que podemos ser parte de la causa, preguntándonos “¿se habrá molestado por algo que he dicho o que he hecho?”. Podemos continuar descifrando el mensaje del silencio preguntando directamente a la persona (“¿te pasa algo?, te noto más callada que de costumbre”) o decidir no decirle nada y sacar nuestras propias conclusiones, que al no contrastarlas con la otra persona corren el peligro de ser equívocas y que las tomemos por ciertas, por ejemplo: “seguro que está así porque le ha sentado mal lo que le he dicho”, generándonos un sentimiento de culpa que podría ser evitable simplemente comunicándonos verbalmente y de forma asertiva con la persona, o incluso produciéndonos enfado hacia la otra persona al sentirnos en desacuerdo porque nuestro comentario no tenía mala intención.

Te resulta familiar esta dinámica? ¿Cuántos conflictos cotidianos podríamos ahorrarnos si simplemente habláramos con más claridad?

Y ¿por qué encontramos barreras para comunicarnos abiertamente? ¿Tenemos miedo de la respuesta que podamos recibir de la otra persona? ¿Nos compensa sacar nuestras propias conclusiones para evitar hablarlo aunque podamos equivocarnos y generar un problema de la nada?

Esta tarea de descodificación también está condicionada por el tipo de relación que tenemos con la otra persona. Si es una relación muy consciente, que tiende a tener una comunicación asertiva en la que es una costumbre decir abiertamente si algo me ha sentado mal o, al contrario, aceptar sin resistencia que algo de mi comportamiento ha sentado mal a la otra persona, aunque no fuera realizada con mala intención, la descodificación es generalmente sencilla puesto que hemos normalizado hablar sin resistencias de nuestros desacuerdos y nuestros sentimientos desagradables, abordándolos de manera natural de modo que a través del diálogo se evita que se cree un conflicto mayor por ausencia de palabras. Esta forma de comunicarse constituye uno de los valores de esta relación, es decir, uno de los pilares sobre los que se sostiene y que hacen que sea como es, y no de otra manera.

Sin embargo, si es una relación que no tiene unos valores claros, bien sea porque es una relación que se inició hace poco tiempo, en la que las personas no se conocen mucho, o simplemente es una relación en la que nunca ha habido un tipo de comunicación asertiva ante las desavenencias y han sido abordadas o de forma pasiva, no expresando los sentimientos ante un desacuerdo o un comentario molesto, o de forma agresiva, cuando se ha formado una “bola” de conflictos y se produce una explosión de ira que lleva a discusiones, reproches, escaladas de violencia verbal, etc. En este caso, este tipo de comunicación también representa un valor de esta relación, pues determina que su transcurso sea de una forma concreta, y no de otra diferente. Este tipo de comunicación tiende a generar más periodos de crisis en la relación, aunque ya hemos hablado en otras ocasiones de que ninguna relación está exenta de crisis y que no son malas, sino necesarias, pero hay que saber sobrellevarlas para superarlas adecuadamente. Esta forma de comunicarse hace más fácil que se tienda a sentir culpa o enfado a la hora de interpretar los mensajes de la otra persona, digamos que existe un ambiente de tensión que favorece asociar sentimientos de este tipo a la comunicación entre esas personas, permitiendo que actúen del modo en que lo hacen. Que los mensajes de alguien (verbales o no verbales) tiendan a generarnos este tipo de emociones y hagan que tengamos facilidad para sentir la necesidad de ponernos “a la defensiva” ante la percepción de algo que se siente como amenazante, es un síntoma de que la comunicación debería vivir un cambio, ya que no es sostenible en el tiempo y lo más probable es que en alguno de los episodios de crisis la relación termine por romperse o normalizarse, de forma que se acabe adoptando como natural una forma de hablar que puede estar en contra de nuestros valores personales (por ejemplo, exigir que nos hablen con respeto). En estos casos una de las mejores opciones es solicitar ayuda terapéutica profesional.

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