Feminidad, masculinidad y salud

“¡Qué niña más bonita! Eres una princesa. Dale un beso a la amiga de mamá, me da igual que no quieras. No te preocupes si los niños te tiran al suelo, es que les gustas. ¡Qué graciosos los niños, levantándoles las faldas! Son cosas de niños. No seas tan bruta jugando, pareces un niño. Las niñas mayores no lloran. Tienes que ser buena. Las señoritas no gritan. Calla. Mira qué guapa, con tu pelito arreglado. Si te ven jugar con los chicos te llamarán marimacho. Qué bonita eres. Las niñas son muy complejas. No te preocupes si te tratan mal, es que te tienen envidia. Las niñas sois más listas, ellos siempre juegan, mientras que vosotras estudiáis. Deja de quejarte. Los videojuegos son de chicos. Los coches son de chicos. Las cocinitas son de niñas. Judo no, mejor gimnasia rítmica. Las niñas siempre son más educadas, tan calladitas“.

¿Te ha removido algo este fragmento? ¿Te suena de algo alguna de las frases? El texto completo, escrito por Ro de la Torre, puedes leerlo aquí.

Este tipo de comentarios conforman lo que se llama feminidad. Según la RAE es la “cualidad de lo femenino” y también “estado anormal del varón en el que aparecen uno o más caracteres sexuales femeninos” ….

Según los estudios de género y las ciencias sociales, la feminidad y la masculinidad es la forma en que culturalmente se define cómo debe ser el comportamiento de las mujeres y el de los hombres, de forma que se transmite a través de los valores, normas y educación en la familia y el entorno (la gran mayoría de veces de forma inconsciente), estando impregnado en todas las vías de socialización con las que convivimos desde que nacemos y a través de las cuales aprendemos cómo es el mundo.

Esto es, si dependen de cada cultura y son transmitidas por la sociedad son construcciones socioculturales, lo que nos remite a dos cosas:

  1. Si son construcciones, se pueden de-construir, ser cuestionadas y modificadas, a nivel individual y colectivo.
  2. Al ser construidas y deconstruidas, son evitables, y si perjudican al menos a una parte de la población de manera negativa y no se evitan entonces son injustas.

En cuestión de género y conductas hay dos conceptos clave:

Estereotipos de género: Creencias sin base fundamentada pero socialmente compartidas que definen características específicas de las personas pertenecientes a un grupo, en este caso hombres y mujeres.

Roles de género: Es el conjunto de conductas diferentes que se esperan de cada grupo según los estereotipos e ideas preconcebidas que existen sobre él. Por ejemplo, lo esperable es que los niños tengan conductas más brutas, más agresivas, cuando juegan entre ellos. Sin embargo es probable que una niña que lleva a cabo la misma conducta sea corregida, ya que supone incumplir su rol. De ahí frases inconscientes como “no seas bruta, las niñas no hacen eso”.

¿Y qué tiene que ver esto con la salud?

Como sabrás, nuestra conducta influye en nuestra salud. Sí, esto es muy genérico y complejo. Digamos que nuestra conducta se compone a grandes rasgos de: nuestras decisiones, los acontecimientos vitales que nos marcan, la presión social que vivimos (esto también es inconsciente y difícil de detectar, pero está ahí), cómo vivimos nuestras emociones y las gestionamos, cómo nos relacionamos con les demás, y con nosotres mismes (a nivel de cómo nos cuidamos, física y mentalmente)… Y así un largo etcétera.

La cuestión es que estas conductas tienen diferencias importantes dependiendo de si hablamos de hombres o de mujeres.

Por ejemplo, la fortaleza, la agresividad y la tendencia a asumir conductas de riesgo son socialmente catalogadas como masculinas, más propias de hombres. Esto a nivel de salud puede conllevar (y los datos así lo demuestran, como los del Observatorio Español de Drogas) que los hombres presenten mayor tendencia a consumir sustancias como el tabaco, el alcohol y drogas no legalizadas, así como pedir asistencia sanitaria ante malestares con menor frecuencia, entendiendo esto como un signo de “debilidad” y flaqueza. En el caso de las mujeres está arraigada la idea de la ambivalencia e inestabilidad emocional, frecuentemente ligado con el tema del ciclo menstrual; de la misma manera que las mujeres, como hemos visto en anteriores artículos, son diagnosticadas con gran frecuencia de trastornos de depresión y ansiedad cuando presentan cuadros inespecíficos de dolor y malestar emocional y psicosocial.

Es importante tener en cuenta que les profesionales que trabajamos en salud, como personas socializadas en una cultura con estos estereotipos de base, los llevamos inconscientemente dentro si no hacemos el trabajo de reconocerlos y deconstruirlos. Esto significa que sin darnos cuenta pueden afectar a nuestra práctica profesional. En este sentido la médico Sara Velasco recalca la importancia y la responsabilidad que tenemos de no obviarlos para mejorar nuestra práctica de forma que con ella no estemos reproduciendo las desigualdades sociales ya existentes.

En ese sentido hay que mencionar al modelo biopsicosocial de atención a la salud. Este modelo es nombrado con frecuencia en los planes de salud de cualquier Comunidad Autónoma para introducir mejoras en el futuro. Siempre se presenta como el objetivo a alcanzar, para el que supuestamente se van modificando las prácticas, como una utopía ideal, puesto que es el modelo que principalmente apuesta por la atención integral e interdisciplinar que garantizaría una atención más digna a la población en cuanto que más realista y efectiva con sus circunstancias vitales.

El enfoque biopsicosocial pretende visibilizar los factores psicosociales y comparar su impacto con la esfera biológica, entendiendo al ser  humano como holístico, con áreas vitales diversas que se interrelacionan. Esta teoría introduce el componente subjetivo y lo señala como un eje de la intervención médico-paciente, de forma que la consulta sea un espacio de atención a las quejas de la persona, a lo que siente, “expresión del malestar personal (Velasco, Ruiz y Álvarez-Dardet, 2006).

Expone un modelo de atención que se centre en el o la paciente, en su historia vital y su contexto social y personal. Se podría decir que  pretende reformular la atención de modo que el/la paciente recupere su voz y su papel como sujeto activo de su salud, protagonista del  tratamiento. Así mismo, la intervención sanitaria se entiende desde la clave multidisciplinar, con perspectiva horizontal, donde todas/os las/os profesionales tienen la misma importancia.

“Cuando la teoría psicoanalítica se asocia con la teoría biopsicosocial la definición se fija en las quejas (componente subjetivo),  biológicamente no explicadas, definiéndose los trastornos como «la expresión del malestar personal y social en un idioma de quejas  corporales con búsqueda de ayuda médica»”. (Velasco, Ruiz y Álvarez-Dardet, 2006)

Por otro lado los modelos feministas de la salud hacen hincapié en la diferenciación por género de pacientes de forma que se pueda observar qué diferencias marca esta variable, vinculándolas a causas psicosociales.

Vinculan la salud con la condición social y subjetiva de las mujeres y tratan de identificar los sesgos de género presentes en la atención sanitaria. La propuesta de modelo de atención alternativo se centra en el empoderamiento individual y grupal, en la relevancia de tener información  sobre la salud propia y tener así un papel protagonista para con la misma.

Se enfatiza la idea de los cuidados, tanto a una misma como en grupo, en red, en contraposición con los tratamientos medicalizadores, y se introducen nuevas variables a tener en cuenta, como la identidad de género o los roles.

“Añade los conceptos ligados a la diferencia sexual y la construcción social del género como factores del contexto sociocultural que influye en el proceso de enfermar”. (Velasco, Ruiz y Álvarez-Dardet, 2006)

“Pero el Movimiento de Mujeres añadirá un cambio cualitativo intentando la apropiación del saber sobre la salud(…) buscan soluciones colectivas, políticas, para los problemas que parecen personales y no lo son. (…) Así, los grupos de mujeres (…) lo que hacían no era tratar de resolver problemas personales, sino analizar las condiciones de vida y cómo las experimentaban las mujeres y promover acciones colectivas para cambiar estos modos de vida”. (Velasco, 2009, 66-67)

“En medicina familiar se te queda corto el enfoque biologicista. No puedes mirar sólo el cuerpo porque hay cosas que no se explican: el cuerpo está bien y la gente no está bien”. “La gente que te llega no está mala físicamente, pero se siente mal… Además, no sabes qué hacer… Están siempre en la consulta… Tú  no sabes qué hay detrás: le miras, le tomas la tensión… Está bien, no tiene nada, pero sí que tienen algo que les lleva a la consulta y que hace que se sientan mal y que lo expresan en el cuerpo. Como lo que atendemos en el sistema es del cuerpo, la gente va… Pero cuando indagas, no hay ninguna causa que justifique tanto dolor o la jaqueca o esas situaciones…” Fragmentos literales de dos profesionales sanitaries entrevistades para el Porgrama de Atención Biopsicosocial al Malestar de las Mujeres en Atención primaria llevado a cabo en Murcia en 2003 por parte del Instituto de la Mujer

En resumen, los estereotipos y roles que asumimos como propios por ser socializades como hombre o mujer afectan al modo en que nos relacionamos con nuestra mente, nuestro cuerpo y, por ende, cómo cuidamos nuestra salud, exponiéndonos a diferentes situaciones y factores de riesgo. Además, quienes trabajamos en salud tenemos la responsabilidad de adquirir formación específica en perspectiva de género o, al menos, ser conscientes de que influye y crea realidad diferentes para mujeres y para hombres, no sólo se relega al factor biológico del sexo. Como dice Sara Velasco, “el género es psicosocial“, una atención sociosanitaria que atiende de forma integral el factor de género debe en consecuencia dar la importancia que corresponde a los factores psicosociales que nos afectan en el proceso salud-enfermedad.

 

Te dejo por aquí algunos artículos por si quieres informarte más sobre el tema:

Estereotipos de género – Celia Rodríguez

Impacto de la desigualdad de género en la salud de las mujeres – Mujeres por la salud

Enfoque de género en salud. Su importancia y aplicación en Atención Primaria – María Clarivel Presno e Ileana Castañeda

 

Referencias bibliográficas:

Programa de Atención Biopsicosocial al Malestar de las Mujeres en Atención Primaria – Instituto de la Mujer. Descarga disponible aquí

Velasco, S., Ruiz, M. T. et al. (2006). Modelos de atención a los síntomas somáticos sin causa orgánica, Revista Española de Salud Pública​, 80(4) [Disponible en (20/01/2016) http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1135-57272006000400003&script=sci_arttext]

Velasco, S. (2009). Sexos, género y salud​, 66-143. Madrid: Minerva

 

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